NOVEDADES: EL PEQUEÑO AGRICULTOR PUEDE SER LA CLAVE PARA LA DEMANDA ALIMENTARIA DEL FUTURO

Los campesinos tendrán que avanzar en calidad, trazabilidad, presentación y frecuencia de despacho. Foto: Víctor Manuel Holguín (Unimedios). TLC: el desafío del agro es el valor agregado
Invertir en el pequeño agricultor, desarrollar productos de origen y desarrollar CyT es fundamental para que este sector responda a las exigencias de los nuevos tratados de libre comercio.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)1, para el año 2030 se requerirá un aumento del 40% de la producción mundial de alimentos, que se obtendría mediante incrementos productivos por unidad de área y un aumento de las tierras dedicadas a la siembra.

El crecimiento de la población, la globalización del sector agrícola y alimentario, el precio de los combustibles, la demanda de mayor calidad e inocuidad de los comestibles y la distorsión del sistema mundial de comercio agrícola, especialmente en países desarrollados (causada por subsidios y restricciones al mercado internacional) están configurando un nuevo contexto mundial.

A esto se suma el cambio climático, el incremento de la demanda de carne en las economías emergentes (China e India) y la producción masiva de biocombustibles. Lo anterior reduce paulatinamente la obtención de productos rurales y agudiza problemas como “la escasez de alimentos, el descontrol de los precios de los granos y el pánico en los mercados, lo que generaliza el hambre en muchos países del África y del sur de Asia”2.

Las ventajas comparativas de unos países, unidas a las necesidades de consumo de otros, hacen necesario regular la oferta y la demanda del mercado. Por esta razón, se establecen los TLC como políticas de comercio internacional. Esta situación global debe mirarse como una gran oportunidad para el sector agropecuario de Colombia, que se debe a las futuras e inevitables demandas mundiales de alimentos.

Las dudas

Para entender por qué un tratado de libre comercio es importante, hay que remitirse al Grupo de Cairns, creado (en 1986) para lograr la liberación del comercio mundial de los productos agrícolas.

Colombia es miembro y fundador de este grupo, junto con 19 países3 que tienen como principal objetivo desmontar los subsidios y beneficios que mantienen la Unión Europea, con su política agrícola común4, y los Estados Unidos, con su programa de fomento a las exportaciones5.

Lamentablemente, el avance no ha sido significativo, y la alternativa, a corto plazo, ha sido negociar de forma directa con estos países, para tener acceso a un mercado externo, evaluando las prioridades de nuestro país (como la creación de nuevos empleos bien remunerados y estables, la distribución de la riqueza y el equilibrio entre las regiones y sus diversas provincias rurales6).

Se debe pensar que el Gobierno logrará estos objetivos a largo plazo. Sin embargo, los tratados con los diferentes países se continúan firmando y los plazos de implementación son reducidos. En este contexto, surgen preocupaciones sobre el efecto real que tendrán los TLC, especialmente en materia de generación de empleo y de oportunidades para sectores como la agricultura, que, se sabe, es altamente protegida en los Estados Unidos.

Identificar y caracterizar el reto para el sector agropecuario colombiano frente a los TLC requiere de diversas visiones, ya que es un tema tan complejo como variado, debido a que cada cadena productiva tiene sus propios problemas. No obstante, al analizar la información encontrada, se puede apreciar que existen temas comunes que pueden ser la línea base de una rápida adaptación del agro colombiano.

Cadenas productivas

Colombia tiene una superficie total de 114.174.800 hectáreas (ha). El terreno de posible vocación agrícola es de aproximadamente 10.000.000 ha, pero se utilizan solo 3.869.311 ha. De estas, 1.354.258 corresponden a cultivos transitorios y 2.515.052, a permanentes. El sector aporta el 12,47% del PIB total (2006) y genera 2,3 millones de empleos. Con algunas excepciones, presenta lento crecimiento de los rendimientos, aunque los factores productivos son abundantes: maíz (4,6 t/ha frente a 9,3 en EE. UU.), banano (34,4 t/ha frente a 52,5 en Centroamérica), hortalizas (16 t/ha frente a 25 en Chile)7.

Podría afirmarse que el fortalecimiento de los pequeños productores debe ser el objetivo principal, el cual requiere verse como el punto crítico del reto. Es necesario establecer medidas de corto plazo para fortalecer sus cadenas productivas, con el fin de incrementar la competitividad y cumplir con las exigencias de los mercados internacionales y las políticas de Estado sobre los TLC.

Para vincularlos efectivamente a los mercados internacionales, es necesario trabajar en el fomento de la asociatividad y reconocer que la competencia ya no es la finca de al lado, sino naciones como China y Brasil o países de Centroamérica o África. Es vital fomentar entre los pequeños productores el flujo de información y el acceso a las nuevas tecnologías, que mejorarán sus procesos y, en últimas, sus niveles de ingreso.

Un ejemplo de éxito ha sido el café, que se mantiene en los mercados internacionales por el esfuerzo conjunto del Estado, el sector privado, las universidades, los centros de investigación y los pequeños productores. Cualquier avance o desarrollo es conocido y aplicado por una gran mayoría que vende su producto a un ente encargado de la comercialización en el exterior.

Esto no se lograría si cada pequeño productor intentara sacar del país su café de forma independiente. Primero se reconoce la marca Café de Colombia que el café de Antioquia, del Viejo Caldas o de cualquier zona productora del país.

Adaptación

Lo primero que hay que estudiar son las diferentes exigencias de los TLC en relación con calidad, productividad, sanidad, trazabilidad, presentación, volúmenes y frecuencias de despacho. Cada país tiene tendencias de consumo diferentes y el productor debe estar en capacidad de dar respuesta a estas condiciones de mercado, adaptando su producción al país o a los países de consumo.

A manera de ejemplo, en el bloque de Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta), mientras que Canadá incrementa el consumo de frutas y hortalizas en fresco, así como el de productos orgánicos, México no muestra interés en este tipo de productos provenientes de Colombia, debido a que los adquiere de países vecinos. En cambio, sí estaría interesado en frutas tropicales en conserva o pulpas de fruta empacadas al vacío, mermeladas y conservas. Estados Unidos no es el único destino de exportación, aunque sea el más apetecido.

En segundo lugar, deben  adaptarse y desarrollar tecnologías que optimicen los procesos de cosecha y poscosecha de los productos agrícolas, que sean de bajo costo y fácil acceso; sobre todo, desarrolladas con las comunidades, para que efectivamente sean usadas por ellas mismas.

Este es un tema en el que deben trabajar las universidades, pues cuentan con profesionales en disciplinas como ingeniería, ergonomía, diseño y psicología, que pueden converger en resultados útiles para la comunidad.

Logros de este tipo se pueden apreciar en las flores producidas en Colombia, para las cuales se utilizan estructuras de invernadero desarrolladas localmente, cuyos costos son inferiores a los de las usadas en Holanda, único país por encima en niveles de exportación de este producto.

CyT, aliadas

La necesidad de exportar productos con mayor valor agregado a los países con los que se tienen TLC debe impulsar y promover el desarrollo tecnológico, la investigación y la estructuración de procesos, de acuerdo con los protocolos que garanticen el mantenimiento o mejoramiento de la calidad de las mercancías agrícolas. Asimismo, es prioritario el desarrollo de mejoras en cada uno de los eslabones de la cadena de valor.

Para esto, se debe reconocer que el sector agrícola puede ser proveedor de productos procesados como snacks, galletas, mermeladas o encurtidos, cuya vida útil es mayor que el producto en fresco y que son requeridos en países como México o Estados Unidos, con quienes hay muy buenas opciones comerciales.

Además, es urgente conocer los suelos donde se producen sus cultivos, con el fin de aplicar los nutrientes apropiados en las medidas justas; así como realizar actividades de medición y seguimiento, con miras a mantener los niveles de trazabilidad exigidos por los mercados internacionales. También, optimizar los procesos de cosecha, a través del uso de utensilios y herramientas que disminuyan las lesiones por malas posturas, para mejorar tiempos y movimientos en el proceso.

Se requiere desarrollar y utilizar empaques y embalajes que alarguen la vida poscosecha de los productos en fresco, para llevarlos por vía marítima, lo que reduce costos y los hace más competitivos (algunos grupos de investigación de la Universidad Nacional de Colombia ya han obtenido resultados, como el de Tecnología en Invernaderos y Agroplasticultura, en asocio con el de Poscosecha de Productos Agrícolas y con las Facultades de Artes, Agronomía y Ciencias).

Todo esto debe ir acompañado de paquetes tecnológicos y diseño de logos de recordación, de denominación de origen y marca región, entre otros. Estos son algunos de los retos en los que el Gobierno colombiano debe trabajar, con el apoyo de las universidades y siempre con la participación activa de la comunidad, que, en últimas, será la beneficiaria y, al mismo tiempo, la responsable de “un parte de éxito” en las negociaciones internacionales de nuestros productos agrícolas.

Frente a lo anterior, vale la pena resaltar la importancia de utilizar de manera adecuada los recursos del Estado destinados a investigación, de integrar las políticas oficiales (Plan Nacional de Desarrollo, Conpes, ley de ciencia, tecnología e innovación —Ley 1286 de 2009—), y de constituir sinergias con la entidad que ha sido designada para canalizarlos (Corpoica).

Las instituciones de educación superior cuentan con el recurso humano y las capacidades para estudiar de forma interdisciplinaria los diversos problemas del sector frente a los TLC y, por ende, para ofrecer soluciones integrales.

Por su parte, los centros nacionales de investigación especializada (Cenicafé, Cenipalma…) cuentan con la experiencia del día a día en sus cultivos; y el sector privado, con la visión de negocio. Al integrar a los diversos actores y sus visiones, son las cadenas las favorecidas y, al final, se da un gana gana de todos y, por tanto, del país.

1 OECD, FAO, “Agricultural Outlook 2009-2018”, http://www.fao.org/es/esc/en/highlight_599.html.

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